Dolencias > Dolores de cabeza > Migrañas
La migraña es un trastorno neurológico crónico caracterizado por episodios recurrentes de dolor de cabeza intenso, generalmente unilateral y de carácter pulsátil. Es mucho más que un simple dolor de cabeza: puede ir acompañada de náuseas, vómitos y una marcada sensibilidad a la luz y al sonido, llegando a incapacitar al paciente durante horas o incluso días.
Afecta aproximadamente a un 15% de la población mundial y es considerada por la Organización Mundial de la Salud una de las enfermedades más discapacitantes que existen. Es más frecuente en mujeres que en hombres, en una proporción de 3 a 1.
La causa exacta de la migraña no se conoce completamente, pero se sabe que existe una predisposición genética y que intervienen alteraciones en la actividad cerebral y en los niveles de ciertos neurotransmisores como la serotonina. Entre los factores desencadenantes más habituales se encuentran:
Un episodio de migraña puede desarrollarse en hasta cuatro fases, aunque no todos los pacientes las experimentan todas:
Aparece horas o incluso días antes del dolor. El paciente puede notar cambios de humor, cansancio, rigidez cervical, aumento del apetito o dificultad para concentrarse. Es una señal de alerta de que la migraña se está gestando.
Presente en aproximadamente el 25% de los casos. Son síntomas neurológicos reversibles que preceden o acompañan al dolor: alteraciones visuales (destellos, líneas en zigzag, visión borrosa), hormigueos en cara o extremidades, dificultad para hablar o debilidad muscular transitoria. Suelen durar entre 20 y 60 minutos.
Es la fase principal. El dolor es intenso, pulsátil y generalmente localizado en un lado de la cabeza, aunque puede ser bilateral. Se agrava con la actividad física y suele acompañarse de náuseas, vómitos, fotofobia y fonofobia. Puede durar entre 4 y 72 horas sin tratamiento.
Tras remitir el dolor, muchos pacientes experimentan cansancio, dificultad de concentración y sensación de agotamiento general durante varias horas o un día completo.
El tratamiento de la migraña se divide en dos grandes enfoques: el tratamiento del episodio agudo y el tratamiento preventivo para reducir la frecuencia e intensidad de los ataques.
Se recomienda cuando los episodios son frecuentes (más de 4 al mes) o muy incapacitantes. El médico puede prescribir betabloqueantes, antidepresivos, antiepilépticos o, más recientemente, anticuerpos monoclonales anti-CGRP, un tratamiento específico para la migraña crónica con muy buenos resultados.
Aunque no siempre es posible evitarlas por completo, estos hábitos pueden reducir significativamente su frecuencia:
Es importante acudir a un especialista si:
Un neurólogo puede establecer un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado.